La escritora Ana María Matute siempre que tiene ocasión explica que éste no es un libro para niños, sino sobre niños. Si lo hemos incluido en esta colección es porque no sabemos, ni queremos, poner edad a los niños; ...
Categoría: A partir de 10 años
EAN/ISBN: 9788493022174
Incorporado en el catálogo: 05/11/2016
Formato: No definido
| La escritora Ana María Matute siempre que tiene ocasión explica que éste no es un libro para niños, sino sobre niños. Si lo hemos incluido en esta colección es porque no sabemos, ni queremos, poner edad a los niños; hay niños y niñas para todos los gustos y la barrera que los separa de los mayores no siempre es tan clara. El ilustrador Javier Olivares ha retratado caras y cuerpos, luces y sombras, y algunas otras cosas que no se ven, para que las personas mayores nos acordemos de que tuvimos otra vida muy distinta, una vida tonta, hace no mucho tiempo, y para que las personas pequeñas sepan que las cosas que les pasan y piensan ahora las han pensado y vivido otros antes, mejor o peor pero no menos intensamente. |
| EL NIÑO DEL CAZADOR El niño del cazador iba todos los días a la montaña, detrás de su padre, con el zurrón y el pan. A la noche volvían, con cinturones de palomas y liebres, con las piernas salpicadas de gotitas rojas, que, poco a poco, se volvían negras. El niño del cazador esperaba en el chozo de ramas, oía los tiros y los contaba en voz baja. A la noche, tropezando con las piedras, sentía los picos de las palomas, de las perdices y las codornices, de los tordos, martilleando sus rodillas. El niño del cazador soñaba hasta el alba en cacerías con escopetas y con perros. Una noche de gran luna, el niño del cazador robó la escopeta y se fue en busca de los árboles, camino arriba. El niño cazó todas las estrellas de la noche, las alondras blancas, las liebres azules, las palomas verdes, las hojas doradas y el viento puntiagudo. Cazó el miedo, el frío, la oscuridad. Cuando le bajaron, en la aurora, la madre vio que el rocío de la madrugada, vuelto rojo como vino, salpicaba las rodillas blancas del tonto niño cazador. (Ana María Matute) |